Hay frases que aparecen mientras escribes y que, cuando las relees, te das cuenta de que no las has inventado tú.
Las has encontrado.
En Reset II. El agua primordial, el chamán Shipibo-Konibo que acompaña a los protagonistas en su proceso de iniciación repite en varios momentos una instrucción que, en apariencia, podría leerse como metáfora:
«Hagan del veneno medicina».
Cuando la escribí por primera vez, no sabía del todo lo que significaba. Sabía que era verdadera —con esa certeza extraña que a veces aparece durante la escritura— pero no podía articular del todo por qué.
Lo que encontré después, mientras investigaba para dar cuerpo a esa parte de la novela, me sorprendió.
Por qué elegí a los Shipibo-Konibo
Cuando empecé a construir el universo de Reset II, sabía que necesitaba una tradición de conocimiento que fuera real. No un chamanismo genérico de fantasía, sino una cultura específica, con nombre, con historia, con una forma de trabajar con las plantas y con la conciencia que estuviera documentada y que tuviera profundidad.
Los Shipibo-Konibo, pueblo indígena de la Amazonía peruana, llevan siglos siendo reconocidos —incluso dentro del mundo académico— como una de las tradiciones chamánicas más sofisticadas de América del Sur. Su sistema de sanación no se basa solo en las plantas: se basa en el sonido, en los patrones geométricos, en la relación entre el curandero y el paciente, en una comprensión de la enfermedad como desequilibrio en un campo que va mucho más allá del cuerpo físico.
Me fascinó, además, que su tradición incluye el uso de plantas que en grandes cantidades serían tóxicas y que, sin embargo, en el contexto ritual y con la preparación adecuada, se convierten en vehículos de aprendizaje y transformación.
La planta que hiere puede también sanar. El veneno, en las condiciones adecuadas, se convierte en medicina.
No lo inventé. Lo encontré allí, en una tradición de siglos.
El momento en que la investigación se cruzó con la homeopatía
Mientras documentaba esta parte de la novela, empecé a rastrear en qué otros sistemas de conocimiento aparecía esta misma lógica.
Y la encontré en todas partes.
En la alquimia occidental, donde la transmutación de la materia —del plomo en oro— era, en realidad, una metáfora del proceso de transformación interior: lo más denso y oscuro contiene ya la semilla de su forma más elevada.
En Paracelso, que en el siglo XVI formuló «la dosis hace el veneno» y que era, al mismo tiempo, médico, alquimista y estudioso de las tradiciones herméticas.
Y en la homeopatía, que lleva dos siglos proponiendo algo que, cuando lo puse junto a lo que había encontrado en los Shipibo-Konibo, me pareció de una coherencia llamativa:
Una sustancia que produce determinados síntomas puede, administrada de forma muy diluida, estimular en el organismo los recursos para revertirlos.
La misma lógica. En culturas distintas. En épocas distintas. Sin contacto entre sí.
Eso, para mí, no es coincidencia. Es señal de que algo en esa intuición apunta hacia algo real que todavía no sabemos describir completamente con el lenguaje científico actual.
Por qué elegí el agua
El título de la novela —El agua primordial— no es decorativo.
Cuanto más investigaba, más central se volvía el agua en todo lo que estaba explorando. Es el vehículo de las diluciones homeopáticas. Es el medio en el que los chamanes amazónicos preparan sus remedios. Es el elemento que todas las cosmologías antiguas asocian al origen, a la memoria y a la transformación.
Y es, también, una de las sustancias más anómalas y menos comprendidas de la naturaleza. Sus propiedades no se comportan exactamente como los modelos físico-químicos estándar predecirían. Hay algo en el agua que todavía no hemos terminado de entender.
Algunas líneas de investigación —controvertidas, pero existentes— exploran la posibilidad de que el agua pueda retener información de las sustancias con las que ha estado en contacto. Que no sea solo H₂O, sino también un registro de todo lo que ha atravesado.
Cuando encontré esa idea, supe que era el corazón de la novela.
Mis protagonistas no viajan a Perú solo para cumplir una misión exterior. Viajan para entender algo sobre la memoria: la del agua, la del cuerpo, la de la conciencia. Y el chamán Shipibo que los guía les enseña, a través de esa frase que se repite como un mantra, que la transformación no empieza por eliminar lo que duele.
Empieza por aprender a trabajar con ello.


Lo que la novela me enseñó
Hay una cosa que nadie te explica sobre escribir ficción con base en investigación real: que a veces el proceso de escritura te cambia a ti antes de que el libro llegue a ningún lector.
Escribir esa parte de Reset II me obligó a hacer exactamente lo que el chamán le pide a los protagonistas: mirar de frente lo que incomoda, lo que tiene mala prensa, lo que el consenso descarta, y preguntarme honestamente si el descarte está justificado o si hay algo allí que merece más atención.
La homeopatía tiene mala prensa en ciertos círculos. Los Shipibo-Konibo y su conocimiento también la han tenido, históricamente, para quienes los han mirado desde afuera sin tomarse el tiempo de entender la profundidad de su sistema.
Y sin embargo, la lógica que subyace a ambos —que la sustancia que puede herir, en las condiciones adecuadas, puede también activar la recuperación— es una de las ideas más persistentes y más transculturales de la historia del conocimiento humano.
No creo que eso sea casualidad.
Una novela no es un tratado
Reset II. El agua primordial no es un manifiesto en favor de la homeopatía ni del chamanismo amazónico.
Es una novela. Y como tal, su función no es demostrar ni convencer, sino explorar.
Explorar qué ocurre cuando dos personas corrientes —un periodista y una psicóloga que viven en Barcelona con sus contradicciones y sus dudas— se ven de pronto en contacto con sistemas de conocimiento que desafían todo lo que han aprendido a considerar verdadero.
Explorar qué significa sanar. Qué significa transformar. Qué significa que algo que durante mucho tiempo funcionó como veneno —una herida, un miedo, una historia que nos hemos contado sobre nosotros mismos— pueda, con el trabajo y el contexto adecuados, convertirse en el motor de algo nuevo.
Eso es lo que me interesaba cuando empecé a escribir.
Y eso es lo que, espero, llega al lector cuando termina.
Si quieres seguir explorando
En Universo Vida he publicado un artículo más extenso sobre la homeopatía, Paracelso, los Shipibo-Konibo y la idea de la información en el agua, desde una perspectiva de conocimiento holístico:
Y si quieres leer la novela:
Reset II. El agua primordial — disponible en Amazon
