Algunas pinturas nacen y encuentran su sentido inmediatamente. Otras permanecen años esperando el momento adecuado para revelar por qué fueron creadas.
La portada de mi nueva novela, Reset II: El agua primordial, pertenece a esta segunda categoría.
El origen de esta imagen se remonta al año 2012, cuando realicé un boceto digital durante mis estudios de multimedia. En aquel momento no sabía exactamente qué significaba aquella composición ni cuál sería su destino. Simplemente apareció como tantas otras ideas que surgen durante el proceso creativo: impulsada por la intuición.
Más de una década después, mientras trabajaba en la escritura de la novela, comprendí que aquella imagen contenía ya parte del mensaje que años más tarde desarrollaría en el libro.
El agua como símbolo de origen
La novela explora conceptos inspirados en distintas corrientes de conocimiento gnóstico y en la idea del agua como elemento primordial.
Antes de cualquier forma, antes de cualquier identidad, existe un estado potencial del que todo emerge. El agua ha sido representada por numerosas tradiciones como ese espacio de gestación, transformación y nacimiento.
Quise que la pintura transmitiera precisamente esa sensación.
Por ello decidí representar un mar aparentemente tranquilo, iluminado por una luz nocturna que genera fuertes contrastes entre claridad y oscuridad.
No me interesaba reproducir un paisaje realista. Buscaba una atmósfera simbólica, una imagen que sugiriera un territorio interior más que un lugar físico.
La importancia del contraste
Una de las decisiones fundamentales durante el proceso fue potenciar los contrastes.
En mi manera de pintar, el contraste no es únicamente un recurso visual. Es también una forma de construir significado.
Luz y sombra, calma y movimiento, consciencia e inconsciente, materia y espíritu.
Todos estos conceptos aparecen reflejados en la composición mediante la oposición de zonas muy iluminadas frente a áreas de gran profundidad.
Los azules dominan la escena porque ayudan a crear esa sensación de inmensidad y misterio, mientras que los tonos cálidos de las nubes introducen un contrapunto que aporta equilibrio emocional.
Pintar siguiendo la intuición
Con frecuencia me preguntan cuánto planifico una obra antes de empezar.
La respuesta es que existe una planificación inicial, pero una parte muy importante del proceso se desarrolla mientras pinto.
A lo largo de los años he aprendido a confiar cada vez más en la intuición.
Muchas veces aparecen imágenes, símbolos o decisiones que no comprendo en el momento de ejecutarlas. Sin embargo, el tiempo suele revelar conexiones inesperadas.
Esta pintura es un buen ejemplo de ello.
Una idea nacida hace más de diez años que terminó encontrando su significado cuando llegó el momento adecuado.
El arte como diálogo con lo inconsciente
Trabajar con óleo obliga a respetar pausas y tiempos de secado.
Lejos de ser un inconveniente, considero que estas pausas forman parte del proceso creativo.
Permiten observar la obra con distancia, descubrir nuevos matices y escuchar aquello que emerge desde niveles más profundos de la mente.
Creo que una parte importante de la creación artística ocurre precisamente en ese diálogo silencioso entre la intención consciente y los contenidos que todavía no comprendemos del todo.
Por eso cada pintura termina enseñándome algo que desconocía cuando la empecé.
Y quizás esa sea una de las razones por las que sigo pintando.